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Es noche de Reyes y este es mi regalo de Amigo Invisible para [personal profile] nycox. Perdona el haber tardado tanto. Cuando supe que tú eras quien me había tocado, no dudé sobre qué personaje pensaba escribir.

 


DISCLAIMER: Los personajes no son míos, pertenecen a Joss Whedon, Mutant Enemy, WB, UPN, FOX, o quien sea que tenga ahora sus derechos, aunque sin ninguna duda moralmente yo tengo muchos más derechos sobre ellos y además los trato con infinito más respeto, aprecio y conocimiento. La historia sí me pertenece, y por ella no persigo ningún fin comercial.

 

Resurrectionem (Wesley TP)



Londres, 197?

 

El golpe seco hizo que levantara la cabeza del libro que estaba leyendo. 

Su madre se empeñaba en poner en sus manos cuentos de vistosos colores donde las princesas eran delicadas y sumisas y los príncipes aguerridos caballeros que luchaban por ellas. Pero le aburrían. Prefería los cuentos de hadas y duendes…pero no los que la autora de sus días depositaba en la mesita o que le leía antes de darle un beso de buenas noches. Las hadas y duendes que prefería leer y ver eran tratados demoníacos que su padre guardaba celosamente en el despacho. Se escabullía en busca de aquellos libros de tapas de cuero ajado y pasaba despacio sus páginas con imágenes inquietantes llenas de palabras escritas en idiomas desconocidos. Más de una vez terminaba escondido debajo de la mesa evitando in extremis ser descubierto en un territorio que le estaba vedado. A sus siete años leía con fluidez y empezaba a entender los rudimentos del griego y el latín. Sus ojos azulísimos se deslizaban por los párrafos asimilando el conocimiento que los libros de texto encerraban con una facilidad pasmosa, ante el entusiasmo de su madre y la mirada acerada de su padre. 

Estaba sentado en el suelo, con el pesado libro entre sus piernas cruzadas y lo dejó con mucho cuidado a un lado, abierto por la página que estaba leyendo. El ruido había llegado desde la ventana y se empinó en las puntas de los pies para ver mejor el alféizar. Un pequeño gorrión yacía allí. Abrió la ventana y lo cogió, aún estaba caliente pero el corazón no latía. Estaba muerto. La pequeña criatura casi ocupaba la totalidad de su mano infantil y empezó a estudiarla con interés científico, estirando las alas y abriendo las pequeñas patas con uñas tan finas como alfileres. Una pequeña muerte por un accidente. Sintió pena por el pájaro y lo depósito delicadamente entre las páginas del libro. Ensimismado, miraba sin ver mientras sus ojos iban de las ilustraciones del libro al gorrión hasta que una de ellas le llamó la atención. Era un códice miniado del siglo XIII y la ilustración mostraba a un hombre que parecía estar leyendo en voz alta un pergamino que tenía en la mano delante de otro que estaba tumbado en una cama y que aparecía acompañado de una mujer con lágrimas en el rostro. Resurrectionem leyó a continuación de la enrevesada letra capital. Y entonces se decidió. 

La empresa se presentaba complicada. Su padre llevaba días llegando pronto a casa. Algo realmente extraño pues se pasaba largas jornadas en un sitio que llamaba El Consejo. El trabajo de papá. A veces venían señores muy serios que se encerraban con él en su despacho y pasaban las horas sin que tuvieran intención de salir. Había uno que, en ocasiones, le revolvía el negro pelo cuando se lo encontraba parado en la puerta, en un gesto que parecía afectuoso. Mr. Travers, el más joven de todos y también el más decidido. Su madre saludaba a todos con cortesía y, tomando a Wesley de los hombros, se lo llevaba lejos de allí para que los adultos hablaran de sus cosas. Miró el reloj que había en la mesita, aún era pronto. Hizo oído en el umbral de su habitación para saber dónde estaba su madre y bajó las escaleras todo lo silenciosamente que pudo, llegando al pasillo con la espalda pegada a la pared. El despacho quedaba al final, al lado del salón y la puerta estaba entreabierta. Invitadora. Penetró en el santuario prohibido por innúmera vez y empezó a mirar en todas direcciones sin saber exactamente por dónde empezar. Sabía que tenía que estar en una de las estanterías, pero no recordaba en cuál. Un hechizo de resurrección que había encontrado hacía unos días, un pergamino primorosamente enrollado. Pero en la librería había varias baldas en las que se amontonaban tratados de todas las clases y épocas. Se subió a una silla para llegar mejor y empezó a remover rollos, abriendo apenas algunos para leer las primeras frases y desecharlos. Hasta que lo encontró y una sonrisa se empezó a dibujar en su rostro cuando sus labios se movieron leyendo silenciosamente y reconociendo el principio del hechizo. 

Subió decidido a la habitación con su preciosa carga bajo el brazo, evitando pasar por la cocina donde su madre ya se encontraba preparando la cena. Cerró la puerta del dormitorio justo para oír cómo se abría la de la calle. Su padre había llegado. Esperó unos minutos antes de dirigirse hacia el pequeño altar que había montado para el gorrión. Una caja de zapatos vacía cubierta con un pañuelo blanco bordado con sus iniciales, WWP, que le daban un aire solemne. Se arrodilló y extendió, en lo que daban de sí sus extremidades infantiles, el pergamino para empezar a leer. 

Osiris, dominus tenebrarum,
vocamus meum, 
Isis, reginae dolorem,
pro servo tuo…

La puerta se abrió de golpe y la imponente figura de su padre apareció. 

-¡Wesley Wyndam-Price! ¿Qué estás tramando? 

El niño se giró aterrado y, al hacerlo, el pergamino se enrolló en el aire antes de caer y golpear el altar que terminó desmantelado.

-Roger ¿Qué pasa?- Gritó alarmada su madre desde abajo, mientras se oían sus pasos subiendo rápidamente la escalera. 

-Tu hijo ha estado en el despacho y, por lo que veo, se ha llevado algo…-barrió con la mirada el dormitorio y descubrió también el códice abandonado en un rincón.-Vaya, vaya, no sólo se ha llevado este pergamino.-y se agachó a recogerlo para extenderlo y leer su contenido. 

-¿Sabes para qué sirve?-Los ojos, como puñales, taladraban al niño que se levantó temblando sin dejar de mirar al suelo. 

-Sí, señor.

-Wesley, cariño, cuéntame ¿Qué has hecho? -Amorosamente, su madre se agachó para ponerse a su altura y acariciarle el pelo. 

-No deberías de ser tan condescendiente con él. 

-Oh, Roger, por favor.-Suspiró.-Vamos, dime, ¿Qué hacías? 

-No quería que se muriera, yo sólo quería que se fuera volando.-Y las lágrimas aparecieron en su rostro infantil, mientras hipaba señalando al pájaro en el suelo. 

-¿Pero qué demonios…?-Exclamó su padre antes de recoger al animal y mirar el pergamino.- ¿Sabes lo que habría pasado? ¿Lo sabes? 

Wesley no contestó y se limitó a mover negativamente la cabeza muy rápido. 

-¡Pues que habrías resucitado a un monstruo! Estas cosas no son para jugar, son peligrosas.- Decía mientras le sacudía delante de los ojos el pergamino.-Los hechizos de resurrección nunca funcionan, los que vuelven nunca son como antes o pueden volverse en tu contra, incluso pueden matarte. ¿Te imaginas? - Se agachó para mirarlo directamente a los ojos.- Un pájaro zombie que se iría directamente a picotear las cuencas de tus ojos.-Una sonrisa divertida apareció en el rostro de su padre mientras se incorporaba y Wesley tembló aún más. 

-A partir de ahora el despacho permanecerá cerrado con llave, es peligroso que este niño merodee por él sin la supervisión de un adulto.- Se quedó mirando el códice que seguía en el rincón y se acercó para recogerlo. Cuando se dio cuenta de qué tipo de libro era miró a Wesley con los ojos entrecerrados y salió sin más de la habitación. 

La cena transcurrió en un pesado silencio que sólo se interrumpió con el sonido de los cubiertos en los platos. Wesley apenas probó bocado y soportó como buenamente pudo las miradas que su padre le echaba de reojo. Cogía el tenedor y se miraba la mano para asegurarse de que lo estaba usando correctamente, pero los ojos de acero hacían que actuara torpemente y el cubierto terminó más de una vez cayendo de su infantil mano. Sólo un suspiro de resignación se oía en ese momento y Wesley se encogía aún más en su silla. 

Ya de noche, su madre lo arropó solícita y depositó un dulce beso en su frente. 

-¿Mamá? 

-Dime, querido. 

-¿Es verdad lo que ha dicho papá? ¿Vendrán a picarme los ojos? 

-¿Los ojos? ¿El qué…? ¡Ah! No, no, eso no va a pasar. Duerme tranquilo. Sólo lo ha dicho para regañarte, pero ya no está enfadado. 

-¿Me lo juras? 

-Te lo juro.- Y cruzó los dedos sobre su boca antes de besarlos y acercarlos a los labios de su hijo para que también lo hiciera. 

-Buenas noches. 

-Buenas noches. 

Cerró la puerta despacio y la habitación se quedó en penumbra, apenas iluminada por la farola de la calle. Wesley miraba en todas direcciones intentando reconocer los objetos familiares que le rodeaban. Estaba empezando a dormirse cuando un pequeño golpe en la ventana le hizo incorporarse rápidamente en la cama. El viento estaba haciendo que una rama juguetona del árbol que había al lado no parara de dar.

Pero eso le dio igual y tiró de la ropa hasta taparse por completo.

 

 

FIN

  

Este texto está inspirado en un fragmento que aparece en Lineage. No me he inventado nada: 

FRED: He was how old? 
ROGER WYNDAM-PRICE: Ha ha. 6 or 7. He must have taken the scroll from my library. Wesley, I was just telling Winifred about the time that I caught you with the resurrection spell. 
WESLEY: Oh, right. 
ROGER WYNDAM-PRICE: I couldn't remember. Why were you doing that? 
WESLEY: A bird had flown into my windowpane. I think I was trying to bring it back to life. 
FRED: I can't believe you could even read a resurrection spell at age 7. 
ROGER WYNDAM-PRICE: Oh, his mother thought he was quite the prodigy. Well, luckily, I caught him, or we'd have had zombie birds pecking out his little eyeballs. 
 

--------- 

FRED: ¿Cuántos años tenía? 
ROGER WYNDAM-PRICE: Ja ja. 6 ó 7.  Debió coger el pergamino de mi librería. Wesley, le estaba contando a  Winifred  aquella vez que te pillé con el hechizo de resurrección.
WESLEY: Oh, cierto. 
ROGER WYNDAM-PRICE: No puedo recordarlo. ¿Por qué lo hiciste?  
WESLEY: Un pájaro se golpeó con el cristal de mi ventana. Creo que intentaba volverlo a la vida. 
FRED: No puedo creer siquiera que pudieses leer un hechizo de resurrección a los siete años. 
ROGER WYNDAM-PRICE: Oh, su madre pensaba que era todo un prodigio. Bueno, por suerte, lo pillé, o habríamos tenido pájaros zombies picoteando sus pequeñas cuencas.

 

 

 

 

 

 

 

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