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Bueno, parece que fue ayer cuando estaba liada con los preparativos, el papeleo, la maleta y demás y aquí me tenéis, contando la prometida crónica…aunque creo que este año me he pasado. 


El vuelo resultó pesadísimo por las 8 horas encerrados en el avión, sin contar con los engorrosos trámites para embarcar en los que si no conté cuatro controles de pasaporte no conté ninguno. Al desembarcar fue más de lo mismo, es cierto que, si ya vas un poco informado, se sabe de lo paranoicos que se han vuelto desde el 11-S con el acceso al país, pero es que llega a rondar el ridículo: Desde el impreso de autorización para el visado que estás obligado a rellenar (en la que te preguntan si eres un terrorista y tienes conocimiento del uso de explosivos…ejem) hasta la cara de mala leche del oficial de frontera en las interminables colas antes de dejarnos entrar (también tengo que decir que el que me tocó fue muy simpático). Y porque no nos tocó en suerte el control aleatorio en el que te mandan a la sala a hacer un interrogatorio más exhaustivo de nuestros motivos para viajar al país. Aún así, varios de los que venían en nuestro vuelo les hicieron pasar por la sala lo que hizo que llegáramos con más de una hora de retraso sobre el horario previsto al hotel. Conclusión, cuando pudimos salir del aeropuerto JFK en dirección al hotel, atravesando el barrio de Queens hasta llegar a la zona del Midtown en Manhattan, eran algo así como las 12:30 de la noche de allí. Dejar las cosas y dar una pequeña vuelta por Times Square para situarnos y tomarle el primer pulso a la ciudad, y ya eran más de la 01:30. Cuando me metí en la cama llevaba más de 24 horas sin dormir.





 

Domingo 20 de Noviembre. Harlem y la zona Oeste de Central Park.

 

Una cosa que teníamos claro cuando nos planteamos el viaje, era que iba a ser de turismo total, lo más típico de la ciudad. Es tan enorme y con tanta oferta que sería muy difícil conseguir ver todo lo que contiene, sobre todo en una primera visita, más siendo en otoño y con pocas horas de luz. Además de un buen calzado porque hay que patear. Y mucho. Eso no quita para que el primer trámite fuera ir al Times Square Visitor que se encuentra en la misma plaza y donde se pueden conseguir planos de la ciudad y del metro y tener información de primera mano de los puntos de interés. Incluso hay una reproducción de la Bola que señala el fin de año y donde un simpático vigilante se ofreció a hacernos la foto. Desde allí nos dirigimos al metro donde lo primero fue comprar el Metrocard, una opción muy buena para moverse por la ciudad durante una semana. Y le sacamos partido.

Las vistas desde nuestra habitación. Al fondo el río Hudson y New Jersey



...y un curioso aparcamiento. Aún no sé cómo conseguían colocar los coches.



El barrio de Harlem fue nuestro primer destino y, como era domingo, fuimos en busca de una de las numerosas iglesias que celebran misas Gospel. Al salir del metro llegó el primer despiste, pues no sabíamos qué dirección tomar, hasta que una amabilísima mujer casi que nos deja en la misma puerta de la iglesia. Llegábamos tarde y ya estaba empezada por lo que tuvimos que subir a un anfiteatro donde muchísimos más turistas estaban sentados en las gradas. Es muy curioso y están muy organizados, pues ya están bastante acostumbrados a las hordas de extranjeros que llegan a presenciar su particular culto. Es cierto que en cualquier hotel y mayorista de viajes ofrecerán hacer esta excursión, pero casi no merece la pena, pues acudir al culto es gratuito y lo único que piden es que se sea respetuoso (normal) y se participe. Al ser mi inglés tan pobre, por no decir inexistente, no me enteré ni de la mitad, pero si participamos tocando palmas al ritmo pegadizo de las canciones, dando la mano a nuestros compañeros de asiento diciendo God blessed, poniendo dinero en el cestillo que nos pasaron o levantándonos cuando nombraron a todos los países que estaban presentes en la misa del día.



No llegamos a verla terminar porque era larguísima, ya nos dijeron que podían durar perfectamente más de tres horas, y, después de más de una hora de himnos y bendiciones, decidimos salir discretamente y pasear por las calles de este bullicioso y popular barrio. Nuestros pasos nos encaminaron hasta el teatro Apollo, donde artistas de la talla de Ella Fitzgerald, James Brown o Michael Jackson, dieron sus primeras actuaciones como amateurs. 



Siguiendo por la calle 125 se llega hasta la zona de Riverside, donde se encuentra la tumba del General Grant, idéntica a la de Napoleón en París, y donde también se encuentra la Universidad de Columbia, la iglesia de Riverside y la enorme Catedral de San Juan El Divino, con la característica arquitectura de nuevo gótico que se puede apreciar en el resto de iglesias de diferentes cultos que se encuentran diseminadas por la ciudad.

Siguiendo la ruta, llegamos hasta la zona Oeste de Central Park y nos adentramos en el parque donde muchísima gente se dedicaba a hacer footing por sus innumerables senderos y donde se podía respirar la tranquilidad y el oasis de paz en medio de la bulliciosa ciudad. El Museo de Historia Natural se encuentra en esa parte del parque y aún no había cerrado con lo que aprovechamos para visitar lo que merece la pena ver del mismo: Las salas de los dinosaurios y las dedicadas a los animales disecados, sobre todo, la fauna americana y africana y la dedicada al océano con la enorme ballena que preside el techo. Un detalle a tener en cuenta: la entrada a este museo fue gratuita porque llegamos una hora antes de cerrar y las taquillas ya no estaban operativas, pero funcionan por el sistema de pago por donación, o sea, tú decides la cantidad que quieres pagar, aunque te sugieren 25$, es decir, si sólo quiero pagar 1$ se puede hacer.




Desde allí nos salimos del parque porque ya era noche cerrada y seguimos la ruta admirando y cotilleando las entradas a los imponentes edificios de viviendas, con sus porteros con librea, y que se encuentran rodeándolo, hasta que llegamos a la fachada de uno de los más conocidos: El edifico Dakota, famoso porque allí vivía Jonh Lennon y fue donde lo asesinaron.

Otros edificios de interés fueron el impresionante complejo del Lincoln Center, donde se encuentra la sede de la Metropolitan Opera House, la Filarmónica o la prestigiosa escuela de arte dramático Julliard, y que en tiempos fue el problemático barrio que sirvió de escenario para West Side Story. También aparecieron en la ruta Columbus Circle, Time Warner Center, Radio City Music Hall y el Rockefeller Center con su famosa pista de patinaje y donde ya había muchísima gente haciendo uso de ella. El problema es que no tenía muy buena foto porque estaban los andamios para colocar el enorme árbol, por lo que la estatua de Prometeo, que preside la pista, apenas se veía. El edificio de la NBC o uno de los hoteles Hilton que existen por la ciudad también formaron parte de la ruta. Agotados, atravesamos Times Square, pues nuestro hotel estaba a la vuelta, en la calle 45, un paso casi obligatorio durante nuestra estancia. Llegamos a rastras.

 




Lunes 21 de Noviembre. Sur de Manhattan: Wall Street, Zona cero y Puente de Brooklyn.

 

Madrugamos para hacer la ruta que el personaje de Melanie Griffith hacía en Working Girl (Armas de mujer) y nos embarcamos en el ferry que une Staten Island con la isla de Manhattan y que ofrece unas buenas vistas de la estatua de la Libertad y el Skyline aunque nos supo a poco. Lo mejor es que es un servicio totalmente gratuito e hicimos la ruta de ida y vuelta. Desde allí salimos a la zona de Battery Park donde se encuentra una curiosa mansión que se ha conservado intacta en medio de las enormes torres que la rodean y donde vivió la primera Santa americana.

 

El famoso toro de Wall Street



Más adelante aparece Trinity Church, una bonita iglesia en medio de la zona financiera con un curioso cementerio al estilo inglés que se conserva prácticamente intacto y, enfrente de la misma, Wall Street. No me esperaba que fuera una calle tan estrecha, además de encontrarse prácticamente vallada en su totalidad y fuertemente vigilada por la policía para evitar las recientes acampadas del movimiento de los indignados. Federal Hall, el edificio de la Bolsa, con una enorme pancarta anunciando el evento del día, y trajeados brokers con el móvil pegado a la oreja se cruzaron en nuestro camino. Desde allí a la Zona cero que prácticamente es una zona en obras vallada pero que tiene el morbo de saber lo que allí sucedió, con los hombres y máquinas en turnos de 24 horas. Las torres que están construyendo ya empiezan a tomar forma y van a ser tan impresionantes o más que las antiguas. Nos enteramos allí mismo que se podía acceder a la zona acabada de las obras pero necesitábamos un pase especial que sólo se podía conseguir a través de una página Web. Chasco. Pero nuevamente un majísimo chico nos explicó que repartían invitaciones a determinada hora en el centro dedicado al memorial que se encontraba a la vuelta de la calle. Mientras tanto nos fuimos a visitar Sant Paul´s Chapel y terminé con un nudo en la garganta. La llaman la iglesia del milagro porque, estando al lado de la Zona cero, no sufrió daños, aparte de la gran cantidad de cenizas que la cubrieron. Fue el lugar donde se refugiaron los bomberos y los equipos de voluntarios que participaron y se ha convertido en una especie de Ermita donde rendir homenaje a los caídos en el atentado. Hay altares con pequeños recuerdos que han dejado los familiares de todo el mundo, entre ellos una figura que está prácticamente forrada de insignias de los cuerpos de bomberos y policía del mundo. Fotos y mensajes en cintas, muy típicos en la cultura japonesa. Hay que ser de piedra para no salir con el corazón encogido. Mientras hacíamos tiempo para la hora de comer pasamos por Century 21, un outlet en el que encontrar chollos de las grandes marcas que me recordaba mucho a cómo están montadas aquí las tiendas de H&M, y me pasó lo mismo, nunca encuentro nada, no sé comprar en estas tiendas. Merece la pena ir a comer al Mc Donald de Wall Street, pues es uno de los más lujosos de la ciudad, con música de piano en directo, eso sí, la hamburguesa es la misma que en todas partes jajajajaja. Las seis de la tarde (bueno, noche ya) era la hora que nos habían dado para acceder a la parte terminada de la Zona cero por lo que nos fuimos a buscar el puente de Brooklyn aprovechando las horas de luz. Un paseo por la orilla del East River pasando cerca del South Street Seaport, donde se encuentran goletas y barcos antiguos, nos llevó hasta el inicio del puente. Es un paseo muy recomendable y con unas vistas maravillosas, pues se va dejando atrás el distrito financiero con sus imponentes torres y se pueden apreciar en toda su altura. Ya en lo que es el barrio de Brooklyn hay un mirador al lado del River Café donde disfrutamos de unas vistas maravillosas del famoso Skyline, con el encanto añadido del atardecer y las luces que se iban encendiendo poco a poco en los rascacielos.




Desde allí nuestros pasos nos llevaron al puente de Manhattan con la intención de atravesarlo también para llegar a la ciudad pero desembarcando en Chinatown. Y no fue muy buena idea, más que nada porque la zona peatonal daba justo a la parte por la que pasa una de las líneas de metro que unen Brooklyn con Manhattan y el ruido era molestísimo y las vistas con tanto andamio eran casi inexistentes. Para colmo, al llegar al final del puente, un paso de cebra era la entrada oficial al barrio Chino y mi recibimiento fue un señor orinando en una esquina y otro que cruzó a mi lado escupiendo, acompañándolo de toda la parafernalia, con lo que entré en este barrio dando arcadas…en fin. Chinatown es…cómo decirlo, ruidoso, caótico, huele raro. Para ser sincera no me gustó. En las guías te lo ponen como que parece que estás en una auténtica ciudad oriental, respirando el bullicioso ambiente, etc, etc. Los restaurantes con los patos colgando, las pescaderías que despedían un olor…Habrá gente a la que esto le encante, pero a mí no. Además nos encontramos con la dificultad añadida de no ser capaces de encontrar una boca de metro, pues se acercaba la hora de volver a nuestra cita para visitar la Zona cero. Callejeando, nos perdimos, las calles de esta zona no son cuadriculadas como en el resto de la ciudad, pues este barrio está situado en la zona antigua. Al final una mujer china, con un horroroso acento inglés, nos indicó dónde había una y nosotros le dimos las gracias con nuestro también horroroso acento.

Quizá sea el momento de aclarar una cosa en relación al metro de Nueva York, es muy parecido al de Londres, en el sentido de que varias líneas pueden circular por la misma vía y hay que fijarse bien en qué dirección se quiere ir, empezando por si lo que quieres es ir al Norte (Uptown) o al Sur (Downtown), una vez dominado esto no es difícil moverse por él. El problema es localizar las estaciones en la calle, pues no todas están indicadas de la misma manera y se pueden encontrar bien visibles o empotradas en un edificio con un pequeño cartel informativo. Y si, es viejo, las estaciones son muy oscuras con tantas vigas pero funciona muy bien.

Felizmente finalizada nuestra aventura china llegamos a tiempo a la cita y pudimos ver los avances que se habían realizado. Ya están terminadas unas enormes piscinas, ubicadas en el punto exacto donde se encontraban las torres gemelas. Cada una forma una cascada cuyo fondo no se ve y en el borde de las mismas están grabados los nombres de las víctimas de cada una de las torres. Incluso hay un terminal de ordenador en un rincón donde se puede consultar y saber en qué punto exacto está el nombre de tal o cual persona. Debido a eso, en muchos de los nombres había una pequeña bandera según del país natal que fuera la víctima, supongo que algún familiar la habría colocado allí. Sólo diré que me fui emocionada. Para terminar desconcertada cuando llegamos a las instalaciones cubiertas del memorial, donde venden recuerdos, si, recuerdos del atentado. Supongo que tiene que ver con nuestra distinta concepción cultural del luto y el homenaje. No me imagino haciendo lo mismo en Madrid, en la estación de Atocha, vendiendo bolígrafos con las iniciales del 11-M.

El día finalizó subiendo por Broadway Street, que es la calle que atraviesa en diagonal la ciudad, hasta que nos cansamos y decidimos coger el metro para llegar al hotel.

 

Martes, 22 de Noviembre. Central Park, Quinta Avenida y Midtown.

 

El informativo del tiempo indicaba que se esperaban lluvias por la tarde y al día siguiente, por lo que decidimos terminar la ruta que dejamos a medias en Central Park y allá que nos fuimos.



El Edificio Dakota fue el inicio, esta vez con luz de día, y nos acercamos al parque para rendir homenaje a John Lennon en Strawberry Fields. Fue una gozada volver a pasear por el parque vestido con sus colores de otoño y haciendo fotos al puente Bow y a la terraza y fuente Bethesda, atravesando hasta desembocar en la Quinta Avenida, esquina con la 59, y encontrarnos la imponente fachada del hotel Plaza y la torre Trump y las famosas tiendas de Tyffany, Apple y la juguetería F.A.O. donde se encuentra el piano gigante que aparecía en la película Big.

Escaparate de Tyffany e interior de F.A.O.

 

Otoño en Central Park









Volvimos a entrar en Central Park hasta encontrar las esculturas dedicadas a Hans Christian Andersen y Alicia. El Museo Metropolitano fue nuestra siguiente parada. Un enorme museo generalista que guarda un increíble patrimonio. Lo más llamativo es el templo egipcio que exponen, además de una completísima colección de arte africano que me gustó precisamente porque no es algo de lo que haya visto mucho en otros museos. Van Gogh y Rembrant también forman parte de la colección, además de una nutrida representación patria con Greco, Velázquez y Murillo entre otros. Pero quizás lo más curioso sea la zona denominada el Ala Americana, donde están recreados distintos ambientes y viviendas, desde un típico palacio versallesco hasta una casa completa de los primeros colonos. Ni que decir tiene que es imposible visitarlo en su totalidad y, plano por delante, pasamos sólo por las salas que más nos interesaban.







El siguiente en la lista fue el Guggenheim, pero sólo por admirar la curiosa escalera circular que preside su interior, no llegamos a entrar al museo en sí, pero sí te dejan acceder al vestíbulo, la pega es que había un montaje que prácticamente tapaba la escalera de caracol.





El informativo del tiempo acertó de pleno y cuando salimos de aquí ya estaba lloviendo con ganas, pero no nos desanimó y, paraguas en mano, nos fuimos a hacer un curioso recorrido montados en el funicular que une Roosevelt Island con Manhattan, pasando por encima del puente Queensboro. Este pequeño viaje permite ver el tráfico de la ciudad desde las alturas, la pena es que la lluvia nos estropeó la foto. Bajando por la avenida Lexington llegamos a la Grand Central Terminal y su incesante tráfico humano.
 


Allí probamos a hacer un curioso experimento que ya nos habían comentado: bajando al sótano y hablando cada uno de un extremo de la bóveda que se encuentra allí y que tiene una acústica espectacular, cualquier persona que se coloque en cada uno de los nervios puede hablar en un susurro y su voz llegará perfectamente al otro lado. Increíble pero cierto.

Visita obligada y muy recomendable también la de la Biblioteca Pública. Precioso edificio con vestíbulo espectacular. La entrada es libre y se permite pasear por ciertas zonas. La escalera monumental y los frescos que se encuentran en el techo de la Sala Principal en el tercer piso son dignos de ver. Además, nos asomamos a una de las salas de lectura donde se filmó la escena inicial de Ghostbuster.





Detrás de la biblioteca se encuentra Bryant Park, dicen que es uno de los más bonitos de la ciudad pero la noche tan lluviosa no nos permitió disfrutarlo. La última visita del día fue para los almacenes Macy´s, patrocinadores del desfile de Acción de Gracias y uno de los más grandes de la ciudad. Duramos poco dando vueltas por él, estábamos cansados, empapados y con ganas de parar. Mañana sería otro día.

Miércoles, 23 de Noviembre. Compras en New Jersey, Quinta Avenida y Rockefeller Center.

 

Nueva York es sinónimo de compras y nosotros tampoco nos resistimos. A todo el que le decíamos nuestro próximo destino siempre terminaban con la coletilla de que nos llevaríamos una maleta vacía para llenarla allí. Exagerados, pensaba yo. Incrédula, digo ahora. Partiendo de la base de que soy de la opinión de que si algo está muy barato me da igual, si no me gusta no me lo compro, resulta que llegas allí y pecas aunque no quieras. Los grandes complejos de outlet que se encuentran en New Jersey son la meca de muchas personas que llegan a la ciudad y hay viajes organizados exclusivamente para ir allí. Un chico con el que coincidimos recogiendo las maletas a nuestro regreso a España nos contaba la picaresca de estos viajes con los que prácticamente viven de eso: marcas que aquí son bastante caras las revenden al llegar y encima salen ganando. Todo viene por la conversión a favor del dólar-euro y que en USA la ropa y el calzado no tienen TAX, algo parecido al IVA de aquí, con la diferencia de que te lo añaden al ir a cobrar y en España ya viene incluido en el precio inicial. Los reyes de las compras siempre son los Levi´s y las zapatillas Converse. Un ejemplo: el 501 al cambio cuesta unos 20€ y otros modelos, como el Demi Curve, al cambio salen por unos 32€, igual que las Converse. Normal que la gente se vuelva loca. Lo que hay que tener muy claro es que las marcas que realmente salen a cuenta son las americanas. Zara, igual que H&M o Mango,  en cambio, se consideran ropa de firma, por lo tanto mucho más cara. Y son los mismos artículos que aquí. Increíble. El caso es el que el miércoles nos fuimos a la Terminal de autobuses donde cogimos uno que nos llevó, atravesando el Túnel Lincoln, a los Jersey Gardens, uno de esos centros comerciales dedicados a productos outlet. Ya de entrada fue sorprendente ver a dos chicas que iban con unos maletones inmensos, y que se notaban vacíos, en el autobús y con las que nos cruzamos más tarde por los pasillos del centro comercial llenándolos a lo bestia. Y no exagero, pues más gente estaba haciendo lo mismo. Personalmente, fui muy poco original: vaqueros, un par de encargos y poco más, pero mi compañero de aventuras se volvió loco en la tienda de Nike jajajajaja. Si eres un fanático de las compras merece la pena, pero si no es así, hay bastantes tiendas más pequeñas dedicadas a este tipo de prendas, y donde se pueden encontrar las dos marcas más buscadas, diseminadas por la ciudad y que al final cuestan igual de precio que en esos centros comerciales, con lo que te ahorras el viaje hasta allí. El viaje de regreso fue una odisea: mientras que por la mañana apenas tardamos 20 minutos en llegar, se convirtió en casi dos horas a la vuelta, normal si se piensa que era la entrada a la ciudad y víspera del puente más largo del que gozan en el país. Al día siguiente era Acción de Gracias.

Visita rápida al hotel para dejar las bolsas y vuelta a callejear aprovechando que había dejado de llover y el cielo se mostraba despejado. Llegamos hasta las inmediaciones del Rockefeller Center donde un griterío tremendo y más gente que en la guerra casi impedía moverse por la zona ¿El motivo? Concierto en la famosa pista de hielo de uno de los ídolos juveniles del momento: Justin Bieber. Como no era cuestión de quedarse sordos por los gritos de las niñas, nos alejamos buscando diversiones más elevadas para el espíritu y nos fuimos a San Patricio, la enorme catedral católica con una fachada imponente a la que estropea unas luces fuertísimas que han puesto a la entrada. Es bonita, mucho. Por dentro tiene la típica distribución por capillas dedicadas a los diferentes santos más venerados. Tardé bastante en encontrar al Santo al que está consagrada la catedral, para descubrir que está en una columna lateral del altar mayor y mi rito de encender una vela se cumplió un año más.



La ciudad empezaba a estar cada vez más preparada para recibir la Navidad y según pasaban los días nos fuimos dando cuenta que calles y escaparates tenían nuevas luces en sus fachadas. Paseando por la Quinta Avenida se podían ver escaparates que eran auténticas obras de arte como el de los almacenes Bergdorf Goodman o la fachada de Cartier.



El remate del día fue subir al mirador Top of The Rock que se encuentra en el Rockefeller Center. La subida en el ascensor ya es una locura: un vídeo psicodélico te ameniza el trayecto, pero entre el susto, intentar preparar la cámara y lo rápido que van los ascensores en esta ciudad, ni vi video, ni hice foto, ni ná. Aviso para navegantes: tener preparada la cámara cuando vayáis a montar en el ascensor. Desde este mirador las vistas de la ciudad de noche son maravillosas. Las luces del Empire State, Central Park y un poco del Chrysler se mezclaban con el resto de torres a cual más imponente. Espectacular. Era imposible dejar de hacer fotos que, como siempre, no hacen justicia.




La anécdota del momento vino por parte del vigilante que había en uno de los sectores del mirador y que era de origen hispano. Nos preguntó nuestra nacionalidad al oírnos comentar en castellano y a partir de ahí entablamos una agradable conversación en la que nos descubrió datos curiosos de la vida en la ciudad y cómo era vivir el sueño americano: las dificultades de vivir en una urbe tan grande como ésta y los pequeños roces que hay entre las distintas comunidades que viven en ella, donde los barrios están muy delimitados por etnias con sus propias costumbres. Y la conclusión que sacamos es que el sueño americano no existe. Suena a tópico, pero es así: quien vive bien, vive muy bien, pero hay muchísima más gente que lo pasa muy mal. El sector servicios prácticamente está llevado por hispanos y negros: camareros, vendedores, vigilantes, personal de limpieza,… mientras que pocos de ellos vimos en Wall Street o saliendo de los lujosos edificios de apartamentos que rodean Central Park. Helados, arriba hacía bastante repelús, nos despedimos del vigilante agradeciéndole el rato de conversación tan interesante que tuvimos. Por este día ya era suficiente.

La segunda parte aquí.





 

Date: 2011-12-31 01:17 am (UTC)
nycox: (ny1977)
From: [personal profile] nycox
ufff qué pasada, cómo habéis aprovechado el tiempo! si habéis visto un montonazo de cosas, no os debió quedar demasiado por ver, no?

las fotos de Times Square de noche impresionantes (aixxx ese fic de fin de año.. ;)) y las de Central Park preciosas. y qué chulo el Museo de Historia y qué pena que en el Guggenheim estuviera el montaje ese de los caballos colgantes para poder ver la mítica escalera.

por la fotos parece una ciudad rebosante de gente, que se ve por todas partes. y os hizo un tiempo de lujo, que se ve muy despejado.

qué pasada! voy a la segunda parte

Date: 2011-12-31 10:59 am (UTC)
willhemina: (Default)
From: [personal profile] willhemina
Verdaderamente es una ciudad de cine.
Me ha impresionado la biblioteca. Las fotos de Central Park son preciosas, casi parece un retazo de naturaleza en mitad de ese maremágnun de cemento y gente.
Alucinantes esas vistas nocturnas de la ciudad iluminada. Y los museos...que envidia me das!
Gracias por este maravilloso recorrido. Ha habido momentos en que me parecia que yo misma estaba ahí.

Date: 2012-01-02 12:20 am (UTC)
dianificus: (joyce golden)
From: [personal profile] dianificus
Me lo estoy pasando pipa leyendo tu crónica del viaje y viendo la cantidad de fotos tan bien hechas que has puesto. Qué densidad de cosas, seguro que acabasteis reventados, pero bueno, mereció la pena seguro.
¿Qué te pareció la gente? Por lo que comentas os encontrásteis unas cuantas personas bastante majas. Yo la verdad es que cuando estuve me parecieron en general bastante bordes. También es verdad que yo era más jovencilla y zarrapastrosa, igual a los casi-mochileros los tratan peor por costumbre. Me acuerdo de una escena absurda en un MacDonalds donde nos atendió una chica hispana con cara de aburrimiento infinito, que no le entendíamos ni papa, y ella no nos entendía tampoco, le intentamos hablar en español, dijo que sólo inglés, y después de hacernos hacer un rato el ridículo se vuelve y se pone a hablar en español con un colega. ¿Y qué le haces, la matas? Se ve que se aburría o algo. Luego un policía casi nos detiene por andar por un arcén en vez de por la acera, en fin, tuve unas cuantas de esas. Yo creo que me crucé con todos los tocapelotas de Nueva York. Con lo educadita que soy yo. :D Me lo tomé a cachondeo y punto.
Pero vamos, fueron cosas puntuales. De todas formas en general sí me parecieron bruscos. Esa forma de decir "Next!" todos serios que tienen los cajeros de las tiendas, que parece que están arreando ganado.
Hale, voy a por la segunda parte.
Una cosita: cuando has mencionado la escuela de arte dramático Julliard me he acordado de que James Marsters estudió allí. Qué cosas.

Date: 2012-01-08 03:41 am (UTC)
shivana: (Default)
From: [personal profile] shivana
Aún no habia podido pasarme a decirte cuantísimo me ha gustado la crónica del relato, claro que no fue ninguna sorpresa, la ciudad me parece una pasada, una maravilla, con esos edificios tan emblemáticos, los museos, los parques, especialmente Central park, y tantisimos lugares que hemos visto en las películas. Y tu capacidad para hacernos sentir, que hacemos el viaje a tu lado, no es tampoco una sorpresa.

A mi siempre me maravilla esa capacidad, es como un don, porque yo sería incapaz de decir más que cuatro cosas, y en cambio tu nos haces un relato ameno, e interesantiísimo.

Me gustan muchisimos las fotos, te han quedado de lujo, hay algunas impresionantes, y es que no puedo evitar maravillarme, porque me encanta la fotografía. Y me maravillan la cantidad de lugares impresionantes que visitasteis, lugares muy reconocibles, hacen que uno sienta que ha estado sin estar y si encima está narrado con tanta maestria y paciencia, con el cariño que pones, pues aun más.

uN BESAZO PRECIOSA y muchisimas gracias por compartirlo. MUUUUUUAKS :D


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